La celebración del “cacharro” tiene lugar en la víspera de San Andrés y en ella los niños de los pueblos del valle de La Orotava, preparaban las tablas y los carros de rodillos, además de “el cacharro”. En esta fecha tenía lugar la apertura "oficial" de las bodegas, con el estreno del vino nuevo, acompañado de las tradicionales castañas, jareas (pescado seco y salado) y batatas.
En cuanto a “las tablas”, las más famosas tenían lugar en Icod. En esta celebración la gente se lanzaba por las calles (que tienen una pendiente considerable) de este municipio subidos en unas tablas de madera (que previamente habían untado mantequilla, grasa de cerdo o cera de vela), alcanzando velocidades de vértigo y teniendo como final, en el mejor de los casos, una gran montaña de neumáticos que se encontraban en el final del recorrido.
Otro de los “vehículos” con los que se tiraban por las pendientes calles de Los Realejos eran los carros de rodillos, que consistían en unas chapas de madera que tenían a modo de ruedas unos rodillos (que se obtenían en los talleres de mecánica), en ellos podían ir diez personas, aunque el número de personas que los “pilotaba” era variable, dependiendo de la capacidad del mismo.
La fiesta de San Andrés era una fiesta muy popular hace muchos años y las tradiciones que se realizaban en ese día tenían mucha participación, pero poco a poco se fueron perdiendo y gracias a los alumnos del Colegio Nazaret se han recuperado (bueno eso dice mi abuela.), como “el correr el cacharro” que es cuando arrastras tu cacharro por la calle a toda velocidad.
En mi colegio celebramos así. Siempre solemos construir un cacharro en nuestras casas y luego lo llevamos al colegio. Primero lo corremos por el patio o jugamos, luego comemos algunos frutos secos y refrescos para luego salir a correrlo por las calles que rodean nuestro colegio, ¡qué bien lo pasamos!
Mientras corres el cacharro, haces un ruido increíble y te diviertes mucho. En el recorrido hay unos chiringuitos donde venden castañas y dulces.
Con el ruido que se forma al arrastrar el cacharro parece que se imita el ruido que provocaban los toneles de vino al contacto con los adoquines en su desplazamiento sobre corzas hasta el mar, para ser limpiados. Otra de las interpretaciones que se le da a esta celebración es la costumbre de "despertar al santo", del que la tradición dice que era cojo y le encantaba el buen vino, y según el saber popular siempre llegaba último a las reuniones de los demás apóstoles. O, simplemente, sea una forma de espantar con ruido a malos espíritus.